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jueves, 16 de agosto de 2012

Capítulo 17 - La nueva Helen


No quería estar callada con ella, parecía una buena niña, pero por su madre ya no me transmitía lo mismo. Le pregunté lo que todos los adultos solían preguntar a los pequeños:

-¿Cuántos años tienes?

No dijo nada, solo me miró y después se miró las manos. Era vergonzosa y me enseñó ocho dedos de su mano ¡Que monada! Podía hablar de todas formas, pero me abrió el corazón.

-¡Que mayor!

Y como cualquier crío, se lo tragó y sonrió. Me acerqué a ella y me agaché para estar a su altura.

-¿Te gustan las muñecas?

Aun callada, asintió con la cabeza. Me dio la espalda y se fue corriendo al salón. La había asustado. En unos segundos oí a Carol con una voz más fuerte y preocupada.

-¿Elaine?

-Quiero ir al coche.

La voz de Elaine sonaba suplicante.

-¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

Me levanté y avancé hasta quedarme en la puerta del despacho observando la escena. Elaine tiraba del vestido de su madre para que le prestara atención, Derek estaba delante de Carol y ésta, daba la espalda a la entrada  principal.

-Me he dejado a Noodle en el coche.

Carol se apartó y Elaine salió por la puerta corriendo hacia el coche. Me miró y continuó hablando con Derek como si yo no estuviera presente.

Elaine llegó en seguida con una muñeca en la mano y velozmente llegó en frente de mí. La muñeca llamada Noodle, era distinta a las demás. Llevaba un vestidito marinero blanco a rayas azules que concordaban con su pelo azul oscuro, también corto.

Tras ver la sonrisa que me dedicaba Elaine mientras me prestaba su muñeca, se me quitó un peso de encima al saber que yo no la había asustado. Me agaché de nuevo para estar a su medida y cogí la muñeca que me ofrecía.

-Es muy bonita, ¿se llama Noodle?

-Sí, me la regaló mi mami.

Por fin pude oír su voz a la perfección. Carol nos observaba perpleja ante la total confianza de la niña, así dejando de hablar con Derek. Él, nos miraba feliz, le parecía fantástico que nos llevásemos bien.

-¿Y no tiene ninguna amiga?

-Sí, Sookie, pero esta es mi favorita. Sookie está en casa.

-Cariño me voy ya. – Carol se despedía con la mano y Elaine hizo lo mismo. Desde mi punto de vista, quería cortarnos el rollo.

Salió por la puerta. Los tres permanecíamos en silencio hasta que oímos el coche de Carol arrancar y perderse por el camino.

-Veo que os lleváis bastante bien. – Se acercó Derek a nosotras.

-Tienes una sobrinita muy guapa. Por cierto, ¿dónde has dejado esa bolsa que…? – Dejé la frase en el aire para no tener que decir qué es lo que había dentro.

-Voy a buscarla, espera.

Elaine y yo volvimos a quedarnos a solas.

-¿Te gusta Derek?

Otra vez intimidada. Me arrepentí de haberla tratado tan bien, con esa frase la niña pasaba a ser odiable. No me enfadé porque era una cría, aun así, no sabía qué contestarle. Me quedé sin palabras e intenté responderle de una manera compresible para ella.

-Oh, no cielo. Somos amigos.

Derek, volvía con la bolsa en una mano. Oyó la pregunta de Elaine a pesar de no estar presente y como no, también mi respuesta.

-Elaine, es una amiga. Perdona Helen, Elaine quiere tener una prima para poder jugar con ella y…

-No pasa nada. – Dije cuando en realidad sí pasaba.

-Es que me aburro… - Soltó Elaine alargando la “o”.

Le quité de las manos la bolsa a Derek y se la ofrecí a Elaine dejando atrás lo ocurrido.

-Es para ti.

Se quedó mirándome unos segundos sorprendida y en seguida abrió la caja sin poder esperar. ¿Y si realmente no le gustaba y la decepcionaba?

Se encontró con una muñeca castaña, de cabello algo largo y rizado. Llevaba un vestido largo hasta las rodillas y azul también. El vestido, para mis gustos, era una cucada. No levantó la vista y siguió mirando a la muñeca nueva.

-¿Te gusta?

Elaine la sacó de la caja y acto seguido me miró feliz.

-Sí, es muy guapa.

-¿Qué nombre le vas a poner? – Preguntó Derek sin esperarse ese regalo.

-Helen.

Y de nuevo me dejé llevar por el dulzor de esa niñita que, esta vez, ya no parecía odiable. ¡Quería ponerle mi nombre a su muñeca!

-Elaine, ¿qué se dice? – Derek sacó su parte educada.

-Gracias. – Dijo vergonzosa.

-Dale un besito a Helen, venga. – Repitió.

Elaine se me acercó y me dio un besito en la mejilla. Yo se lo devolví con mucho gusto y cariño.

-Bueno, ¿qué quieres hacer Helen? Siento que no podemos trabajar bien vigilando a Elaine. – Elaine arqueó una ceja, no sabía que pensaba con lo de estar solos, pues, se sintió molesta por ser un estorbo. – Princesa, ¿qué quieres hacer tú?

Ella lo miró mientras hablaba y de nuevo volvió a mirarme a mí, como si esperara a que yo le salvara y dijera que podría quedarse con nosotros. No me parecía mala idea pero había quedado con Derek para trabajar, concentrarme, inspirarme y escribir. Aun así, con la niña suplicándome con los ojos, no dije nada y dejé que hablaran ellos. “Lo siento”, pensé.

-¿Quieres leer un rato? – Le preguntó Derek, seguramente lo hizo para que estuviera tranquila sin hacer ruido. Elaine negó con la cabeza y la entendí porque yo tampoco querría ir a casa de mi tío y sentarme para leer.

-Quiero jugar. – Dijo ella tan claramente.

- ¿Y a qué quieres jugar? – Le pregunto yo, ya que no podía quedarme toda la vida callada.

-Con las muñecas, con Helen. – Y quizás se refería a mí también, pero señaló su nueva muñeca.

Derek estaba pensativo y se fue hacia el teléfono que había en la entrada mientras decía:

-Ya sé Elaine, ¿quieres que llamemos a alguna amiga tuya para que venga?

A Elaine se le iluminaron los ojos, estoy segura de que deseaba jugar con otra niña de su edad y dejar a los adultos tranquilos. Derek cogió una agenda y se puso a buscar un número.

-¿A qué amiguita quieres que invitemos?

jueves, 12 de julio de 2012

Capítulo 15 - Una captura de su pasado


Abrí la puerta del coche y hasta que no puse los pies en el suelo, no me di cuenta que estábamos en una casa muy apartada de las afueras de Castdich. La casa estaba envuelta de un jardín precioso con muchos tonos marrones, ya que estábamos en otoño tirando a invierno. Los árboles no tenían hojas y a pesar de ello, no había casi ni una hoja en el suelo. El viento, al no tener con qué divertirse, jugaba con mi cabello despeinándome.

-Pasemos dentro y tomemos algo.

Abrió el maletero y sacó el regalo de Elaine. No me lo dio y lo cargó él de nuevo hasta la entrada.
La casa era blanca, bonita para mi gusto, con ventanas en forma de arco de medio punto y forrada de un material que no sabría decir cuál es.

Le seguí por el caminito de piedra y entramos en casa.

El recibidor/sala de estar era muy acogedor. Me gustaba mucho la combinación de lo antiguo adaptado a lo moderno y a la vez elegante y encima, decorado con diferentes tonalidades del color marrón y parqué. Los cuadros parecían valer una fortuna e incluso los marcos de fotos que había sobre los muebles. En las fotografías podía distinguir a Derek con dos chicas muy parecidas a cada lado. En otra, salía Derek cogiendo a una niña pequeña de ojos oscuros, monísima por cierto. Parecía ser la hija de una de las chicas de la foto anterior. Seguramente una de ellas sería Carolina y la niña su hija Elaine.

Después de analizar la sala, eché un vistazo rápido y vi que no había nadie. Elaine, su sobrina, no había llegado aun y eso significaba que iba a toparme con Carolina, su hermana.

-¿Dónde está tu sobrina?

-¿Elaine? Bueno, les dije que llegaran un poquito más tarde, por si llegaban antes y no me encontraban. Además, no podemos dejar a Elaine sola.

-Entiendo… ¿tu hermana es la chica de la foto? Aunque no sabría decir cuál de las dos es…

Miró la foto a la que me refería y sonrió.

-Ven, siéntate. Pero antes, dame el abrigo.

Supuse que era una historia muy larga y que quería hablar tranquilamente de ello. Le entregué mi abrigo y fui a sentarme en el sofá.

-¿Quieres tomar algo?

-¿Tienes té?

En casa siempre tenía algo de té, pero dudaba que en su casa tuviera.

-Mmm… no, pero tengo café.

Lo imaginaba.

-¿Y Cappuccino?

-Sí, eso sí, ¿quieres uno?

-Sí, por favor.

-De acuerdo, en seguida vuelvo.

Atravesó el arco que llevaba al comedor y de allí, entró por una puerta de madera y de cristal muy bonita.

Me quedé sola unos minutitos que pasaron volando cuando una fotografía que había encima de la chimenea captó mi atención. Salía Derek, abrazando a una niña de unos doce años. La niña tenía el cabello castaño claro y los ojos de color castaño fuerte, su piel era algo morena para ser  de Castdich. La niña sonreía de oreja a oreja y Derek la apretaba con fuerza sonriendo también, una sonrisa que nunca había visto en su cara y que no parecía ser la típica que ponemos cuando nos hacen una foto, él sonreía de verdad.

Vi como volvía con una taza, un plato en la mano y sin el regalo de Elaine.

-Aquí tienes.

Lo dejó encima de la mesita de cristal que había en frente del sofá.

-Gracias. –Dije con una media sonrisa, sin fiarme demasiado después de lo ocurrido en el coche. – Oye… ¿quién es esa niña? ¿Es Elaine?

Miró la foto y sonrió tal y como lo hacía en la fotografía.

-Pues si que le has puesto interés en las fotografías.

Se sentó a mi lado en el sofá.

-Elaine es esa niña pequeña de la otra foto, esta chica morena se llama Mara, tiene catorce años. No, no es mi hermana, pero como si lo fuera.

Cogí el Cappuccino, le di un sorbo y volví a dejarlo en la mesita. Me giré más hacia él para verle mejor la cara.

-Entonces, si no es tu hermana, ¿cómo la conociste? ¿Y por qué le tienes tanto cariño?
 
La curiosidad me inquietaba tanto que no pude reservar las preguntas personales.

-La conocí cuando tenía doce años, en esa foto tiene trece. Nos conocimos en una cafetería,  de hecho, fue en ese bar de ayer. Cameron se equivocó y le trajo mi café en lugar de su granizado y yo me quedé sin nada. Así nos conocimos, por una confusión del camarero…

Me impresionó. Que facilidad tenía relacionándose con la gente. Yo, probablemente, no habría vuelto a ver a esa persona si me hubiera pasado eso.

-Y… ¿ahora me vas a decir por qué tu hermana está repetida dos veces en esa foto?

Esta vez no se giró para ver de qué foto hablaba y se rió un poco para sí mismo.

-Son gemelas, son mis hermanas. La de la izquierda es Carolina y la de la derecha se llama Gea. Carol es la madre de Elaine.

Me quedé algo cortada, sin saber qué decir. Es verdad que no conocía de nada a Derek, pero en esos instantes estaba en su misma casa contándome su vida y… guau, ¿gemelas? Eso sí que era una sorpresa, no había visto gemelas desde que hacía la secundaria.

-Vaya, se parecen mucho, aunque tienen cierto parecido a ti… y yo creía que eran dos “tías buenas” con las que te hiciste una foto. – Dije marcando “tías buenas” con los dedos.

-Sí, la belleza es cosa de familia, en un ratito la conocerás… debo decir que no le he hablado de ti aun, pero no pasa nada, le caerás bien.

-¿Seguro?

-Sí…

Fijó su mirada en mis ojos, creándome tensión, inquietándome con la mirada punzante. Parpadeó y miró mi cabello.

-Este cabello… ¿es tu color natural?

-Em, no. Soy pelirroja anaranjada, pero quise teñírmelo de un rojo fuerte.

-Gea te caerá bien, ella se tinta el cabello de rubio. Toca en un grupo, Violette, ¿lo conoces? Toca el bajo, hace los coros y compone.

Me pilló bebiendo el Capuccino y tan pronto oí “Violette”, dejé la taza en la mesa.

-¿Tu hermana es la bajista de Violette? He visto carteles por la ciudad, no lo sabía.

En realidad, el grupo Violette no me interesaba mucho, tan solo vi un cartel en la biblioteca.

-Sí, ya hace tiempo que está en la banda, antes Carol también estaba en la banda, pero cuando tuvo a Elaine lo dejó.

Detrás de esas palabras, sus ojos me decían que había una larga y triste historia.

-¿Derek, estás bien?

-Solo son recuerdos del pasado que me vienen en mente. Dejemos de hablar de mí y vayamos al grano, ¿quieres que te enseñe el estudio?

-Por supuesto.

Capítulo 14 - Cagadas


No había sitio cerca del parque, por eso aparqué algo lejos y tuve que caminar un ratito.

Había bastante gente, era domingo y las familias aprovechaban para dar un paseo, los abuelos seguían su rutina en los bares y los niños pequeños disfrutaban de su tarde sin clase.

Prácticamente como ayer.

Allí estaba, sentado en el banco leyendo el periódico. Cuando me vio dobló el periódico y se lo puso debajo del brazo. Se levantó y se acercó a mí, con un paso algo rápido y nervioso.

- Buenos días. – Le saludé a unos pasos de él.

Llegó enfrente a mí y sonrió lleno de felicidad.

- Llegas pronto. – Y volvió a sonreír.

¿Pronto? Suponía que lo decía con ironía.

-Ais, lo siento, me encontrado a un conocido por el camino y al llegar no encontraba sitio para aparcar.

- ¿Estás de broma? Te digo que llegas pronto. Son las once y diez casi.

- Oh, vaya... ¿y qué haces aquí?

Dejó de mirarme y desvió la vista hacia otro punto, pensativo. No debí haber preguntado.

- Bueno, por si llegabas pronto, para que no esperaras sola.

Volvió a mirarme y se puso las manos en el bolsillo.

Se me abrió el corazón, oh, que buen chico... de un amor triste a rabia y de rabia a ternura. 
 
- Oh... – No supe qué decir, quizás me comí demasiado el coco con esa frase, con esa respuesta.

- ¿Vamos? Carol aun no ha llegado, mejor vayamos ahora o no me encontrará en casa.

- ¿Con tu coche?
 
- Sí, ¿te da miedo volver a subir?

- No, no.

Se giró y dio varios pasos hacia una dirección, mirándome como si dijera “sígueme”. Me acoplé a su lado y nos dirigimos al coche.

- Por cierto, ¿qué es esa bolsa?

- Es... algo.

- ¿Tanto material te has traído? Solo era necesario traerte los escritos, ya te dije que en mi casa hay de todo para poder escribir tranquilamente.

- No es material, bueno sí es material, pero no para escribir. Ya lo verás, impaciente.

- Trae.

Me quitó la bolsa de las manos.

- ¡Eh! ¡Dámela! ¡Es una sorpresa!

Se rió ante mi reacción y no me la devolvió.

- No seas tonta, quiero llevártela. No voy a ver que hay dentro, lo prometo.

Cagada de nuevo, pensé.

No rechisté. Si tantas ganas tenía de llevarme la bolsa, mejor, mejor para mí.

Tras un largo silencio pensativo para mí, indefinido para él, llegamos a su coche.

Abrió el maletero y puso la bolsa dentro.

- Vamos, entra.

Entré y me senté a su lado sin decir nada. Me abroché el cinturón y le miré. Él hizo lo mismo.

-Jaajaja... te tengo.

- ¿Mmm?

Encendió el motor y arrancó colocándose en la carretera.

Sentí miedo. No supe que decir. Su risa sonó juguetona. En unos segundos toda la confianza que había puesto en Derek se desvaneció. Todo era tan extraño, la llamada, ir a su casa, esperarme tan pronto…

- Ahora que te tengo aquí atrapada, vas a contarme qué pasó ayer por la tarde.

Era cierto. Estaba sentada a su lado, en su coche, no podía levantarme e irme de repente. No podía huir. El miedo dejó mi cuerpo y solté un suspiro.

- Maldito seas... Bueno, te lo debo.

Volvió a explotar su risa mientras conducía.

- Jajajaja... ¡ahora no mujer! No voy a presionarte tanto, es personal. Además, estoy conduciendo, quiero atenderte mejor.

Cagada de nuevo.

Volví a mi cabreo, a mi rabia. Era una niñita caprichosa y cualquier pequeña broma me molestaba.

Miré por la ventana. Decidí no enfadarme, sólo era una pequeña broma, una simple broma. Podía confiar en Derek, estaba segura o al menos me convencía de eso.

El coche se llenó de aire puro, aire con sabor a silencio.

-Y a hemos llegado, esta es mi casa.

Capítulo 10 - De conocidos hacia amigos


Llegué al final del camino, más bien al principio, que conectaba con la carretera principal. Una piedra grande, mejor una gran roca, parecía estar allí pidiendo que me sentara. No lo hice… tenía miedo de que algún conductor me confundiera con una pilingui, así que me senté en el suelo, detrás de un arbusto.

Alan seguramente me siguió al empezar a andar, ya que oí sus pasos sobre la tierra. Lo más probable es que se detuviera en seco al oír “Derek” ¿pensaría que estaba con otro chico? Quizás, de todas formas no sería cierto.

Mis pensamientos se apoderaban de mí mientras contemplaba el paisaje. El sol se despedía de la gente como todos los días, sentía frío, pero eso no importaba.

Como de costumbre, alguien aparecía y me cortaba las alas del cielo y caía en el suelo, en el  mundo real.

- ¿Eo?

- ¡¡Aaaaahhh!!

Me giré rápidamente y le miré con cara de susto, acto seguido, solté un suspiro.

- ¡Maldito seas! Menudo susto me has dado.

- ¿Susto? Te he dicho hola y no me has contestado, además, ¿a caso no podías oír el motor del coche?

- Lo siento, estaba en mi mundo…

- … de fantasía y sueños, ¿eh? - Se rió al ver mis pintas de cansada.

- ¡Deja de burlarte de mí!

- Vale, vale… ya paro. Venga, sube.

Me tendió la mano para ayudarme a levantarme del suelo, dudé unos segundos, pero finalmente acepté la ayuda.

Sacudí los granitos de tierra que se habían quedado en mis tejanos al sentarme en el suelo. Tampoco me gustaba la idea de ir con el coche de Derek, parecía muy sofisticado e iba a ensuciarlo de tierra.

Abrí la puerta del copiloto, entré y di un portazo al cerrarla. Se dio cuenta de mi rabia con el acto,  comprendió la situación y guardó sus bromas y quejas.

- Ponte el cinturón.

- Voy…

- Bueno, no vas a salir fácilmente de esto, vas a contarme qué pasa ¿vale? Tranquila, no pido que sea ahora.

- Ya me lo temía, te lo debo, gracias por venir a buscarme.

- ¿Con quién estabas?

- Con mi novio. Quiero decir, ex novio… ya te contaré mañana lo que ha ocurrido, porque… sigue en pie lo de quedar mañana, ¿no?

- Claro que sí, sólo hay un pequeño problema.

- ¿Cuál? ¿Qué ha pasado? –Dije algo sobresaltada.

- Tranquila, no es nada malo, al contrario, bueno… tengo una hermana mayor, se llama Carolina.

- ¿Y cuál es el problema? No pasa nada si está por casa.

- No, ella no estará, pero sí su hija. Le prometí cuidar de ella mañana y no me acordaba. ¿Quieres que lo dejemos para otro día o quieres venir de todas formas?

- ¡Oh! ¿Eres tío? La verdad es que a penas te conozco y ni te imagino cuidando a un crio. – Solé una risita y él se rió conmigo, después, me percaté de que no había respondido a la pregunta. – Bueno, no lo sé, si te soy molestia mejor no. Me refiero a que si tienes que estar pendiente de ella y no puedes hacer las dos cosas a la vez, no pasa nada, en serio.

- ¿Cómo? No, no, no… no eres ninguna molestia, en absoluto. Además ella tiene ocho años y es muy tranquila, salvo cuando tiene hambre claro. Le gustan mucho las muñecas, te ganarías su confianza si le sacaras ese tema.- Me reí ante el comentario de las muñecas, era un buen tema para hablar ya que a mí me gustaba mucho de pequeña. - ¿Qué hace tanta gracia? – Preguntó.

No podía creer tal y como estábamos hablando, parecía que nos conociésemos de toda la vida y la verdad, eso me gustaba. Él mostraba confianza hacia mí, lo que no me convencía, no sabía si lo hacía por el trabajo o simplemente por gusto.

- Pues, nada, ya me encargaré de caerle bien. – Y añadí otra risita final.

- Mmmm, ¿giro a la izquierda?

El tiempo pasaba volando, tanto, que ni me había dado cuenta de que estábamos ya en la ciudad. Tampoco me acordaba de que estábamos en el coche, no le daba importancia a nada, tan solo a la conversación.

- No, a la derecha. Oye, no me lleves a casa.

- ¿Por qué? No me importa llevarte y si es necesario te acompaño hasta la puerta.

Eso sonó de una forma muy atrevida, pero según el punto de vista, se veía de una forma educada.

- He aparcado el coche en otro sitio, está algo lejos de mi casa. Es por la derecha.

- Como quieras, pero tendrás que recompensármelo.

- ¿Recompensártelo? Mañana traeré una bolsa llena de muñecas para tu sobrina.

- Era broma mujer, no es necesario. De veras, guárdalas.

- Solo hacen bulto esas muñecas y la verdad es que no son muy viejas, seguro que le gustaran. Por cierto, ¿Cómo se llama?

-Mi sobrina se llama Elaine y mi hermana Carolina, aunque yo le llamo Carol.

- ¿Elaine? Me encanta ese nombre, es muy bonito. Carol suena más moderno.

- Emm, Helen, ¿cuál es tu coche?

- Ah, sí, es ese de ahí, el de color blanco.

Aparcó unos coches más adelante, él bajó antes que yo.

- Espera, no bajes. Pasa por mi sitio y baja por mi lado. En tu lado pasan coches y es peligroso.

Después de haberme dicho eso, pasé por su sitio y acto seguido salí por su puerta. No se despidió de mí aun, si no que me acompañó hasta la puerta de mi coche.

- Nos vemos mañana, era a las doce, ¿no?

- Sí y en el parque, intentaré ser puntual.

- No lo intentarás, serás puntual.

- Haré lo posible. Bueno, adiós, hasta mañana. Gracias por todo, te debo una buena explicación.

- No hay prisa para los motivos. Venga, que se está haciendo de noche. Te espero mañana en el banco del parque.

Saqué las llaves de mi bolso y abrí el coche. Me metí dentro y Derek, aun plantado afuera, se despidió de mí con la mano. Yo hice lo mismo y puse el coche en marcha hasta desaparecer.

Capítulo 6 - Derek Bryant


Dejó de sacudir su zumo y se quedó pensativo 2 segundos. Ya se esperaba la pregunta, como no, pero no sabía muy bien que decir.

- Mi nombre es Derek Bryant, trabajo en esta editorial. Me dedico a seleccionar nuevas historias, es decir, me dedico a aceptar o rechazar nuevos autores. Por eso estoy aquí contigo, para introducirte en el mundo de la escritura. Ah, sí, tengo veinticuatro años y estudié periodismo, con algunos cursos de más.

- ¿Vives aquí? Yo vivo algo lejos de este parque, bueno, solo a diez minutos con coche si no hay tráfico.

- Sí, más bien a las afueras, tengo que coger el coche para todo. Mmmm bueno… ¿qué vas a hacer mañana?

- No tengo nada planeado, seguramente escribir más aunque no estoy muy inspirada…

- Ven a mi casa, te enseñaré todos los estudios que tengo, allí te inspirarás mucho ya verás. No es necesario que vengas puedes esperar en este parque y te paso a buscar yo.

Arriesgué mi piel. Ese chico aparecido de la nada no lo podía dejar escapar, la curiosidad me mataba por dentro.

- ¿A tu casa? Mmm suena extraño pero vale, a las doce estaré allí. – Le di el último mordisco al cruasán y el último sorbo al café, acto seguido me levanté de la silla - ¿me acompañas hasta el coche?

- Por supuesto. – Se acercó a la barra y pagó el zumo, el cruasán y el café a Cameron – Aquí tienes. Vamos.

Salimos del bar limpio y viejo, aun criticándonos los ancianos. Como la vez anterior, Derek salió primero y aguantó la puerta para que pasara. No era de mucha educación salir primero… pero tan solo éramos conocidos y ya bastaba con sostener la puerta.

Volvimos a cruzar el parque entero. Esta vez no había tanta gente porque casi era la hora de comer, solo quedaban algunos ancianos aun alimentando a las palomas con arroz. Se esperaba el frío y los arboles no tardarían mucho en desplomarse. Me puse el abrigo negro, empezaba a hacer algo de fresca.

Mis ojos podían notar la humedad de la noche anterior, las gotas de lluvia seguían en el suelo formando pequeños charcos o sobre los coches, nublando la vista a los conductores. Mi coche era el único que estaba seco, el edificio donde vivía tenía un parking para todos los vecinos.

- Hasta mañana

- Mañana quedamos en ese banco, ¿vale? No te quedes dormida de nuevo. Entonces, ¿a las doce te va bien? Si te quedas dormida esta vez ya sí que no lo dejo pasar.

- De acuerdo, seré puntual.

Subí al coche y Derek se dedicó a mirarme mientras me iba. Era un buen tipo, siempre te facilitaba las cosas.

Dejé el coche en el parking subterráneo del bloque y subí las viejas escaleras que un anciano no podría soportar hasta llegar a mi puerta.